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domingo, 9 de diciembre de 2012

El laberinto que empieza y termina en mí.

Soy un laberinto. Soy un laberinto complicado, lleno de espejos, de espinas, de rosas, de piedras, de palos, de árboles altos, de círculos y portales. Cada vez que me acerco a la salida una pared gira y estoy nuevamente donde empecé, donde había quedado la vez anterior. Ella, el final de mi recorrido, no se deja atrapar. No quiere caminar junto a mí porque sabe (y yo se que sabe) mucho más que yo.
Nació conmigo y hasta ahora no le conocí debilidad grande. Igual que yo, le gustan los chocolates, le duele que la gente sufra, y le molesta que yo haga estupideces.
Pero hace un tiempo se acercó peligrosamente a mí, y hasta me celebró un par de estupideces. Me la encontré cuando me duchaba, estaba bailando, sonreía y yo no entendía nada. No podía hablarme sin reírse, sin sonrojarse, sin sudar felicidad por cada uno de los poros de su alma incorpórea que a veces utiliza mi cuerpo para manifestarse. Yo trataba de calmarla, trataba de retarla pero ella seguía bailando y se alejaba y se acercaba dueña de ese laberinto que a mi me cuesta tanto atravesar. Me extendió una mano, me invitó a bailar y la seguí un ratito, me reí con ella y de ella mientras veía como no le importaba nada.
Le advertí que todo lo que haga ella me afectaba a mí y se puso seria el tiempo que su estado le permitía. Me dijo, vos siempre hiciste cosas que me afectaban a mí; le contesté que era mi vida, si a ella le afectaba era su problema.
Los anarquistas dicen que de los laberintos solo se sale por arriba. Yo digo que no, que los laberintos son divertidos, que hay que saber jugar para poder ganar. Ganar, en este caso, sería entenderla.
Este laberinto que sigo atravesando empieza y termina en mí.
En esta pasión que experimento cada vez que hago algo que me gusta,
en esta necesidad de superarme, de alcanzarla.
Esta fe ciega de saber que aunque me equivoque, estoy en el camino correcto.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Loa a las Palabras.



La palabra es un instrumento. Como un pincel. Como una paleta de pinturas con óleo o acrílico seco reposando en la superficie. Un lienzo, en cambio, no es un instrumento sino un destino, un propósito, un objetivo. De la misma forma lo es un discurso. Una verdad esperando a ser dicha, una idea esperando a ser pintada en el aire y llegar al espíritu. Una verdad que necesita de palabras, de la misma forma que una obra de arte plasmada en un lienzo necesita de pinceles y una paleta de colores.

Aunque está muy afianzada la idea de que una imagen vale más que mil palabras, dos palabras bien escogidas valen más que mil imágenes; de qué otra manera se explica que haya libros que nos lleven a las lágrimas, que existan discursos que arenguen mansas masas a pelear una guerra, que sean palabras las que conformen dichos que perduran años, décadas, siglos. ¿De qué manera se explica que una palabra, una sola, haya hecho que Marta-Isabel recupere toda la esperanza en el porvenir? ¿No fueron sino las cartas falsas del nieto lo que mantuvieron viva a Eugenia?[1] Y aun volviendo a la no ficción, porque muchos gustan de despreciar este hermoso género, ¿de que otra forma sino a través de las palabras nos hubiera dicho Rodolfo Walsh que perdamos el miedo? 

La palabra tiene el sentido que le damos, y la función que le atribuimos. Muchas palabras pueden arengar a un pueblo hacia una lucha ciega, multitudes envalentonadas contra “los otros”, discursos que exacerban la xenofobia, el odio, el desprecio, el desasosiego de una sociedad entera para que se levante. Otras palabras pueden calmar, pueden serenar muchedumbres enfervorizadas y coléricas, pueden sosegar una horda hambrienta de venganza. Y no dejan de ser solo eso: palabras. Instrumentos.

Pero son palabras transformadas, palabras cuya definición no comienza con un “dícese de” sino que contienen corazón en sí mismas, en cada una de ellas, en cada pronombre, en cada adjetivo, en cada sustantivo y ¡por Dios! ¡En cada verbo!. Porque ese fetichismo que le atribuimos a las palabras vivas no está tan alejado de la realidad, porque cada palabra es la persona que la pronuncia, que la transforma, que la revive, que la hace renacer. Y cada palabra también y a su vez transforma, revive y hace renacer a la persona que la pronuncia ante los ojos de los demás. 

Y puede que esa seducción que nos producen las palabras –a veces más que las personas- sea lo que nos lleva cada día a no enmudecer. Y puede ser que Alejandro Casona haya encontrado estas u otras razones cuando renombró al Amor como La tercera palabra.


[1] Personajes de Los árboles mueren de pie. Alejandro Casona 1964


viernes, 22 de junio de 2012

Paraguay.





Con qué criterio escribo nuestro dolor
si no se trata sólo de una canción.
Con qué excusa te digo que tengas fe
si yo mismo padezco la misma sed.
Año tras año vemos como se van
por la letrina del colonizador
la libertad y el sueño del soñador.
Coraje! Coraje! La unión hace la fuerza
y un corazón americano crece a la luz del sol.



Como Formoseña, como Sudamericana, como hija de la democracia REPUDIO el golpe de estado que están llevando a cabo en Paraguay por supuestas vías constitucionales los sucios del partido Colorado.
Las fuerzas armadas, como siempre, ya hablaron. Solas se queman, no soportan no figurar.
Porque no les bastó Stroessner con sus 35 años de abusos, torturas, asesinatos, desapariciones, crímenes de lesa humanidad, vejaciones a sus mujeres, matanza de aborígenes, niñas y niños torturados o explotados, encarcelamientos, persecuciones, deportaciones y exilios. No les bastó la sangre hermana que corrió, no. La ambición de poder de estos sucios no tiene límites.
Porque siguen las intrucciones de países que prometen oro y espejitos de colores a cambio de la soberanía y ¿qué les va a importar? si estos sucios ni siquiera pueden cantar el himno sin reirse.
Y es así que no importa cuanta sangre corra, cuan manchados estén los billetes que reciban... Mientras sus señoras puedan viajar a Paris a comprar vestidos, mientras ellos puedan mantener a sus damitas sistemáticamente conocidas y escondidas, y que no les aqueje el flagelo de la salud pública, (¿qué es eso... salud para pobres que no pueden pagarla? ¡Un horror!), mientras sus hijos puedan ir a liceos y universidades privadas ¿que importa la soberanía popular? ¿Qué les importa a ellos la calidad de vida de la gente del interior?

En Paraguay el 80 por ciento de las tierras está en poder del 2 por ciento de la población.
Cuando Lugo habló de reforma agraria, antes de su asunción, ese dos por ciento (que de paso es dueño de absolutamente todo en paraguay, incluyendo al diario de mayor tirada, el ABC color) trató con todas sus fuerzas de que no funcione. No funcionó, de hecho, en parte por falta de leyes y en parte por la presión ejercida por un congreso solo enfocado en sus propios intereses individuales conformado por esta runfla de delincuentes que en aquel momento lo "culparon del fracaso de la Reforma Agraria" y hoy lo llevan a juicio político.

No dejemos más que nos metan el cuento hermanos de latinoamérica. No podemos estar más pasivos! Basta de poner pobres contra pobres, de asesinar policías, de masacrar campesinos! Basta de disfrazar mentiras que conocemos desde hace un siglo!
Basta de fuerzas armadas que dicen una cosa y hacen otra completamente distinta!

Me gustaris decirles, haciendo mías las estrofas de su himno:

Paraguayos: ¡República o muerte!,
Vuestro brío les dio libertad;
Ni opresores, ni siervos alientan,
Donde reinan unión e igualdad.


 61 años de coloradismo tuvieron que bancarse. 61 años de gobierno que nunca cuidó al puebló que lo votó sino que protegía a los intereses de los ricos. La brecha entre ricos y pobres es demasaido tremenda, casi no existe clase media. No tenían acceso a la salud, tampoco a la educación.
Se prohibió su hermoso idioma Guaraní.
No existe razón para continuar:

Py'aguasu, py'aguasu,
ojoykerepa ñaimérõ ñane ñe'a
amerikagua opu'ãne omimbi, overa.

Y como dicen los versos de un tema que me emocionó desde la primera vez que lo escuché cantado por cientos de paraguayos con la mano en el pecho y los ojos brillando:
Patria querida, somos tu esperanza,
somos la flor del bello porvenir,
volverá tu antigua bienandanza
con su fama a relucir.

Y en los anales de tu noble historia
te lo juramos va nuestro valor
a escribir la página de gloria
del honor, del honor, del honor.

Si por desgracia el clarín de la batalla
nos llama algún día a cumplir un gran deber
serán allá nuestros pechos la muralla
que detendrán las afrentas a tu ser.

Libre serás, oh patria amada,
mientras tengamos el rubí
de nuestra sangre derramada
triunfante allá en Curupayty.

El lema de valor que siempre ha de seguir
la raza paraguaya es vencer o morir.

No dejen que les hagan mierda el país otra vez. Las revoluciones duelen en el pecho, en la sangre y en los callos de los pies, duelen en los ojos llenos de lágrimas, duelen en la boca partida por el sol y la sed. Las revoluciones duelen. Pero duelen lindo si se logra el objetivo. 
Y ahora está doliendo feo, ahora está doliendo el hecho de que las gotas de su sangre están siendo usadas para beneficio de los hijos de puta. 
No dejen que usen sus lágimas, su sed, sus callos. 
No dejen que nunca más USURPEN su revolución.

FUERZA PARAGUAY!

domingo, 15 de abril de 2012

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