¿A mí me venís a hablar de amor?
¿Justamente a mí que tenía absolutamente todo lo que se puede pedir?
Me venís a decir que el amor es así, que hay que probar otras cosas, que hay que salir a ver que depara el destino, venís con tu cantinela de que en la vida nadie es indispensable, todo el mundo es reemplazable, todo tiene solución.
Dejame decirte que te estás equivocando. Cada uno de nosotros tiene una flecha que indica directamente el corazón de otra persona. Y cuando esa persona está cerca lo sentimos.
¿Qué me venís a hablar de amor? Ahora, que te quedás callada porque sabés que tengo razón.
Y hubo tal silencio el día que nos tocaba olvidar, que de tal suerte yo todavia no terminé de callar.
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martes, 25 de octubre de 2011
¿A mí me venís a hablar de amor?
Claves secretas:
Arráncame la vida,
historias de amor con nombre propio,
la mujer del otro lado del espejo,
La niña de los ojos profundos,
relato de cuando se fue,
Yo; la que olvidaste
jueves, 29 de abril de 2010
Ella está tan sola.-

Entre citas de Sábato y galletitas dulces, Ella flotaba en un ambito idilico entre el aroma a libro nuevo y a tinta impresa. Solo sabía que no sabía nada, mas que los mil cuentos de princesas que acecharon toda su infancia.
Seguía tendida en el sillón de tres cuerpos, arropada con una frazada azul, abrazada a un almohadón que todavía conservaba su perfume.
Ella sabía, simplemente, (con la sabiduría ferviente de quien no quiere aceptarlo) que se había quedado completamente sola. Que no habría brazos en el mundo capaces de llenar ese vacio que sentia en su soledad.
La musica sonaba muy despacio, el frio casi adornaba la habitación calefaccionada del departamento de San Martín al 1300. Había flores que no encontraban sosiego entre las hojas de Los Otros, los libros por los que Ella tenía predilección esperaban en un estante, inquietos.
Le hubiera gustado tener un perro.
Pero mejor que no. La mayoría del tiempo odiaba a los perros.
Daba para quedarse dormida, pero prefirió hacerse un café y ver en la agenda a quien podía llamar. No se le animó a nadie, era miercoles, casi once de la noche. Al día siguiente le tocaba la guardia.
Quería la soledad para sí, acompañada. Quería la vida para sí, sosegada.
Quería escribir poesías, quería un libro de sueños.
Quería...
"Un rayo de luz, un suspiro de eternidad... Ojala fuera mas que un instante, mas que un solo instante tu claridad..."
Claves secretas:
Arráncame la vida,
bitacora de la soledad,
la mujer del otro lado del espejo,
La niña de los ojos profundos,
relato de cuando se fue,
Yo; la que olvidaste
viernes, 19 de junio de 2009
Relato de cuando se fue, Ultima Parte.
La carta.
Sacó del bolsillo del pantalón una carta escrita -muy a su estilo- en dos hojas de carpeta, con birome azul y detalles tachados. Amo que no se fije en esos detalles, le da mas sentimiento a los que escribe. Es de los pocos que quedan que pueden expresarse con la palabra, y haciendo algo tan dulce como una carta. Su fuerte es la letra directa, no es adicto a la retorica, se remite a los hechos. Sus recursos literarios son mas bien pragmáticos y concretos. Y lo que yo tenía en mis manos no carecía de ninguna de esas características:
La carta seguía, pero no quise leer más que eso.
No lo necesitaba.
Le hice un lugarcito debajo de mi frazada y lo abracé.
-Lo que yo siento por vos tampoco va a cambiar, nunca.
Sacó del bolsillo del pantalón una carta escrita -muy a su estilo- en dos hojas de carpeta, con birome azul y detalles tachados. Amo que no se fije en esos detalles, le da mas sentimiento a los que escribe. Es de los pocos que quedan que pueden expresarse con la palabra, y haciendo algo tan dulce como una carta. Su fuerte es la letra directa, no es adicto a la retorica, se remite a los hechos. Sus recursos literarios son mas bien pragmáticos y concretos. Y lo que yo tenía en mis manos no carecía de ninguna de esas características:
Es la decimocuarta vez que intento escribirte. Franco a veces me mira con lástima, a veces con exasperación. A veces ni siquiera me mira. "¿Seguís con eso?" me pregunta. Y yo no se que contestarle. Quisiera que todo fueramás facil,diferente, pero es asi como se dieron las cosas y así es comotengotenemos que aceptarlas, no te parece?
Yo quise escaparme, la situación me estaba matando, y no quería que te mueras conmigo. Si yo me hundía iba a ser por mi culpa, pero no quería cargar con la culpa que hubiera supuesto el que vos también te hundas.
Por eso vine a lo de Franco. Por eso no llamé, no avisé nada a nadie, espero que no estés preocupada, aunque es casi inevitable. Perdoname, pero no podía hacer otra cosa. O sí, pero no se me ocurrió. Andá a saber. Vos sabes de mis limitaciones. No tengo mucho que decirte. No me aclaro a mi mismo, así que no puedo aclararte mucho a vos tampoco. Esta carta es solo para decirte que aunque dude de absolutamente todo, nunca dudaría de lo que siento por vos. Nunca. Eso lo tenés que tener clarísimo.
Yo a vos te amo y no hay circunstancia terrenal que pueda cambiarlo. [...]
La carta seguía, pero no quise leer más que eso.
No lo necesitaba.
Le hice un lugarcito debajo de mi frazada y lo abracé.
-Lo que yo siento por vos tampoco va a cambiar, nunca.
Claves secretas:
relato de cuando se fue
miércoles, 3 de junio de 2009
Relato de cuando se fue.- 5ta parte
Por supuesto que tenía una explicación: Siempre tiene una explicación para todo. Lo peor de todo es que no necesita recurrir a la mentira, y siempre hace tambalear mis decisiones "definitivas."
Así que me dispuse a escucharlo, pero él me dijo "estás muy pálida ahora, te debo una explicación pero te la voy a dar cuando te mejores" y me acompañó a la cama. Me acosté -sin mediar palabras- y él se sentó a mi lado. Solo ahí le dije:
-Necesito esa explicación. Estoy bien y me va a hacer mejor escuchar un justificativo de tu desaparición. Nunca te pido tickets de vida, lo sabés. Pero esta vez quiero saber, por lo menos donde dormiste este ultimo fin de semana.
Ahí comenzó su larga historia, que empezaba -como yo suponía,- un poco más de dos meses atras.
-¿Te acordás del día en que vos querías salir a tomar mate al parque y yo no tenia ganas?
-Si, me acuerdo, fue en abril, hacía un sol con frio espectacular para mate y facturas.- No lo dije en tono de reproche, sino acordandome simplemente, y teniendo en cuenta que la mayoria de las comidas eran como mate y facturas para él: No le gustaban pero las comia igual como si no tuvieran sabor. (siempre me acuerdo de esas cosas, no tengo idea por qué.)
-Bueno, ese día nos quedamos en casa mirando tele, ¿no?
-Si, la pelicula (mas aburrida que vi en mi vida) de los dos vagos esos de 40 años (que siempre pasan en el Pulqui, no tienen otra parece.)
-Si, esa misma. Vos estabas aburrida, se te notaba. - me dijo. (NOOO, mentiiraaaa ¿por que decis eso? ¬) -Además agarraste tus apuntes en medio de la peli.
-Si, un poco, porque yo quería salir.
-Exacto.
-Pero vos estabas congestionado.
-...
-¿Y?
-Que podríamos haber ido, pero el tema era que yo no tenia ganas.
(Nooo, no me di cuenta, en serio? Ni congestionado estabas¬)
-Ah, ¿Y? Es decir, ¿en que me beneficia o me perjudica eso ahora?
-¿Querías que te explique o no?
-Si, pero odio que no la hagas corta.
-Bancate- y me dedico la más linda sonrisa suya- Ese día vos querías salir porque no te podias quedar conmigo, tenías que ir a estudiar a no se donde y rendías al día siguiente.
-Ajá. -Clasica respuesta mía cuando completo mentalmente la informacion.
-Ese día cuando te fuiste yo te di un beso y te dije éxitos, mañana te mando un mensaje. Y el mensaje no llegó. Por supuesto, vos tenías cosas en que pensar pero te acordaste de eso, como siempre. Y yo no, yo me olvidé. A las seis de la tarde, cuando yo yacía inconsciente de mi "corta" siesta, me llega un mensaje tuyo diciendo "Si te interesa, me fue bien."
Yo me re calenté, ¿como no me iba a interesar? Y no me di cuenta que de verdad yo era el del error.
Y ahi fue que hablamos, de lo mismo de siempre, y peleamos por lo mismo de siempre, como siempre, y así puedo darte mil ejemplos.
Yo, mientras tanto, lo miraba con una expresion que pretendía ser entre incrédula, amable y paciente, intentando demostrar o menos posible que odio esos relatos que tardan dos siglos en terminarse.
-Te la hago corta,-me dijo, quizá adivinando mi expresión- me puse a pensar y creo que tenías razon en todo lo que me dijiste. De hecho no me dijiste ni el 10% de lo que debías decirme, de lo que estabas en todo tu derecho de decirme. Y ahí fue que te hable del cambio. Bah, unas semanas despues.
Yo me acordaba perfectamente de eso: a 300 km de distancia, yo sentada como indiecita* frente a la PC, llenando con lágrimas el océano atlántico balbuceando un apenas entendible "no me podés estar diciendo eso, no me dejes, no me dejes." y vos, del otro lado, casi apoyando todo tu peso contra el teclado, cuidando que ni vos mismo escuches el sonido de tu llanto, tratando de explicarme las razones de esa decision, de por qué me querías dejar para poder cambiar.
Yo te dije algo que para mí era lógico: No te voy a dejar solo porque sos lo que elegí, y me prometí a mi misma acompañarte en todo lo que necesites. Terminaste...
-Terminé llamandote.-me dijo, sacandome del letargo, como si hubiera escuchado todo lo que dije mentalmente. -Y rogandote que volvamos, que no podía estar sin vos, que de verdad te necesitaba. No mentí, y lo sabés.
-Si, lo sé- le dije con un hilo de voz.
-Pero como te dije ese mismo día, los cambios a mi me duran dos días: De hecho me duró una semana, exactamente una semana el cambio: de Jueves a Jueves.
El Jueves hablamos por teléfono un rato largo. El viernes casi ni hablamos. El sabado vos me dijiste que estaba cortado, y ese domingo...
Me quedé a la espera del fin de esa oración. Un interminable segundo despues, la completo:
-Ese domingo, lunes, digamos, me olvidé que era nuestro aniversario. Una desfachatez total. Sabía que no servía pedirte perdón, sabía que no iba a servir darte la razon, que no servía decirte te prometo que... Porque esa frase en mí tiene menos validez que en un politico. Tan distinto de vos. Vos nunca usas esa frase, pero cada palabra que sale de tu boca es un juramento, y así como juramento te encargas de cumplirlo al pie de la letra.
-Debe ser la personalidad de cada uno.- le dije, usando por enesima vez la misma frase.
-El día que te comenzo mi cambio te dije (¿prometí?) que iba a demostrarle a la personalidad y a la naturaleza que eso puede cambiar. Y, raro de mi, no lo hice.
-¿Y por eso te fuiste un fin de semana?
Se quedó callado un momento, el suficiente para que yo reevalúe mi postura.
-No, me fui porque no podía hablarte. Me aterraba el hecho de escuchar del otro lado "una semana duró el cambio" o lo que es peor "nunca vas a cambiar, no se que hago yo con vos"
-¿Tan cruel me consideras?
-Cruel no, hubieras estado en todo tu derecho. Siempre trato de arreglar los mocos con mensajitos, como si eso supliera algo de lo que te falta. Me di cuenta que mis celos residen en que yo sé lo que soy y soy consciente de que podés encontrar alguien mejor que yo.
-¿Mejor que vos? Es imposible, ya estas diciendo boludeces. No necesito a nadie mas que a vos. Pero aun no entiendo por qué te fuiste el fin de semana.
-Te dije que necesitaba irme.
-¿Para...?
-Para... no tengo idea. Escaparme de mi realidad, supongo. Me fui a Paraná, a la casa de un amigo que vive ahí. Pensaba salir, hacer algo que me alejara de todo el nudo en el que me había metido.
Y solo conseguí hacer esto.
Y mientras me decía lo ultimo, sacó del bolsillo del pantalón una carta.
Así que me dispuse a escucharlo, pero él me dijo "estás muy pálida ahora, te debo una explicación pero te la voy a dar cuando te mejores" y me acompañó a la cama. Me acosté -sin mediar palabras- y él se sentó a mi lado. Solo ahí le dije:
-Necesito esa explicación. Estoy bien y me va a hacer mejor escuchar un justificativo de tu desaparición. Nunca te pido tickets de vida, lo sabés. Pero esta vez quiero saber, por lo menos donde dormiste este ultimo fin de semana.
Ahí comenzó su larga historia, que empezaba -como yo suponía,- un poco más de dos meses atras.
-¿Te acordás del día en que vos querías salir a tomar mate al parque y yo no tenia ganas?
-Si, me acuerdo, fue en abril, hacía un sol con frio espectacular para mate y facturas.- No lo dije en tono de reproche, sino acordandome simplemente, y teniendo en cuenta que la mayoria de las comidas eran como mate y facturas para él: No le gustaban pero las comia igual como si no tuvieran sabor. (siempre me acuerdo de esas cosas, no tengo idea por qué.)
-Bueno, ese día nos quedamos en casa mirando tele, ¿no?
-Si, la pelicula (mas aburrida que vi en mi vida) de los dos vagos esos de 40 años (que siempre pasan en el Pulqui, no tienen otra parece.)
-Si, esa misma. Vos estabas aburrida, se te notaba. - me dijo. (NOOO, mentiiraaaa ¿por que decis eso? ¬) -Además agarraste tus apuntes en medio de la peli.
-Si, un poco, porque yo quería salir.
-Exacto.
-Pero vos estabas congestionado.
-...
-¿Y?
-Que podríamos haber ido, pero el tema era que yo no tenia ganas.
(Nooo, no me di cuenta, en serio? Ni congestionado estabas¬)
-Ah, ¿Y? Es decir, ¿en que me beneficia o me perjudica eso ahora?
-¿Querías que te explique o no?
-Si, pero odio que no la hagas corta.
-Bancate- y me dedico la más linda sonrisa suya- Ese día vos querías salir porque no te podias quedar conmigo, tenías que ir a estudiar a no se donde y rendías al día siguiente.
-Ajá. -Clasica respuesta mía cuando completo mentalmente la informacion.
-Ese día cuando te fuiste yo te di un beso y te dije éxitos, mañana te mando un mensaje. Y el mensaje no llegó. Por supuesto, vos tenías cosas en que pensar pero te acordaste de eso, como siempre. Y yo no, yo me olvidé. A las seis de la tarde, cuando yo yacía inconsciente de mi "corta" siesta, me llega un mensaje tuyo diciendo "Si te interesa, me fue bien."
Yo me re calenté, ¿como no me iba a interesar? Y no me di cuenta que de verdad yo era el del error.
Y ahi fue que hablamos, de lo mismo de siempre, y peleamos por lo mismo de siempre, como siempre, y así puedo darte mil ejemplos.
Yo, mientras tanto, lo miraba con una expresion que pretendía ser entre incrédula, amable y paciente, intentando demostrar o menos posible que odio esos relatos que tardan dos siglos en terminarse.
-Te la hago corta,-me dijo, quizá adivinando mi expresión- me puse a pensar y creo que tenías razon en todo lo que me dijiste. De hecho no me dijiste ni el 10% de lo que debías decirme, de lo que estabas en todo tu derecho de decirme. Y ahí fue que te hable del cambio. Bah, unas semanas despues.
Yo me acordaba perfectamente de eso: a 300 km de distancia, yo sentada como indiecita* frente a la PC, llenando con lágrimas el océano atlántico balbuceando un apenas entendible "no me podés estar diciendo eso, no me dejes, no me dejes." y vos, del otro lado, casi apoyando todo tu peso contra el teclado, cuidando que ni vos mismo escuches el sonido de tu llanto, tratando de explicarme las razones de esa decision, de por qué me querías dejar para poder cambiar.
Yo te dije algo que para mí era lógico: No te voy a dejar solo porque sos lo que elegí, y me prometí a mi misma acompañarte en todo lo que necesites. Terminaste...
-Terminé llamandote.-me dijo, sacandome del letargo, como si hubiera escuchado todo lo que dije mentalmente. -Y rogandote que volvamos, que no podía estar sin vos, que de verdad te necesitaba. No mentí, y lo sabés.
-Si, lo sé- le dije con un hilo de voz.
-Pero como te dije ese mismo día, los cambios a mi me duran dos días: De hecho me duró una semana, exactamente una semana el cambio: de Jueves a Jueves.
El Jueves hablamos por teléfono un rato largo. El viernes casi ni hablamos. El sabado vos me dijiste que estaba cortado, y ese domingo...
Me quedé a la espera del fin de esa oración. Un interminable segundo despues, la completo:
-Ese domingo, lunes, digamos, me olvidé que era nuestro aniversario. Una desfachatez total. Sabía que no servía pedirte perdón, sabía que no iba a servir darte la razon, que no servía decirte te prometo que... Porque esa frase en mí tiene menos validez que en un politico. Tan distinto de vos. Vos nunca usas esa frase, pero cada palabra que sale de tu boca es un juramento, y así como juramento te encargas de cumplirlo al pie de la letra.
-Debe ser la personalidad de cada uno.- le dije, usando por enesima vez la misma frase.
-El día que te comenzo mi cambio te dije (¿prometí?) que iba a demostrarle a la personalidad y a la naturaleza que eso puede cambiar. Y, raro de mi, no lo hice.
-¿Y por eso te fuiste un fin de semana?
Se quedó callado un momento, el suficiente para que yo reevalúe mi postura.
-No, me fui porque no podía hablarte. Me aterraba el hecho de escuchar del otro lado "una semana duró el cambio" o lo que es peor "nunca vas a cambiar, no se que hago yo con vos"
-¿Tan cruel me consideras?
-Cruel no, hubieras estado en todo tu derecho. Siempre trato de arreglar los mocos con mensajitos, como si eso supliera algo de lo que te falta. Me di cuenta que mis celos residen en que yo sé lo que soy y soy consciente de que podés encontrar alguien mejor que yo.
-¿Mejor que vos? Es imposible, ya estas diciendo boludeces. No necesito a nadie mas que a vos. Pero aun no entiendo por qué te fuiste el fin de semana.
-Te dije que necesitaba irme.
-¿Para...?
-Para... no tengo idea. Escaparme de mi realidad, supongo. Me fui a Paraná, a la casa de un amigo que vive ahí. Pensaba salir, hacer algo que me alejara de todo el nudo en el que me había metido.
Y solo conseguí hacer esto.
Y mientras me decía lo ultimo, sacó del bolsillo del pantalón una carta.
Claves secretas:
relato de cuando se fue
lunes, 1 de junio de 2009
Relato de cuando se fue.- 4ta parte.
Ojo! Ésto tiene una PRIMERA PARTE, una SEGUNDA e inclusive una TERCERA, para que no digan que no soy correlativa con las cosas que escribo (?.-
(...)
Lo siguiente fue invitarlo con un sequisimo "pasá que tengo frio", un ademán suyo de sacarse la campera para dármela, y un consiguiente desaire mío que lo hizo cambiar de opinion.
Subimos los once pisos en ascensor, aunque yo hubiera preferido obligarlo a subir en escalera.
Al entrar a casa, (que estaba toda calentita y confortable, explicando por qué yo estaba en remerita y jean a pesar del malvado frio de fines de Junio), nos recibió la ¿dulce? voz de Joaquin Sabina, contándonos sobre el lugar donde los pájaros visitan al psiquiatra, donde las estrellas se olvidan de salir, y la muerte viaja en ambulancias blancas.
-¿Querés un té?- le pregunté cuando él estaba colgando la campera azul (¡Esa campera azul!) en el respaldo de la silla.
-No, gracias.
-Ya te preparo.
Lo siguiente que recuerdo es mi ramo de margaritas desperdigado por el suelo, el sonido del agua hirviendo, las dos tazas con los saquitos de te y las masitas en la mesada, y a él sosteniendome la cabeza con evidente desesperación y desconcierto.
No sabía como, cuando, por qué me había desmayado. Después caí. Hacía dos días ya que no comía y dormía llorando. Lo admito, me desequilibré. Y no fue su culpa. Porque una mujer no puede dejar de comer porque se vaya el hombre de su vida, no se justifica de ninguna forma.
Y menos se me justifica a mi, que vivo pregonando que las mujeres deben ser fuertes, que debemos vivir el día a día demostrándonos a nosotros mismos que podemos hacer más de lo que creemos poder hacer. Y ahi estaba yo, sorda y ciega ante esos consejos, desparramada en el piso de la cocina con la cabeza entre sus brazos.
-Te bajó la presión- se limitó a decir- ¿tenés algo dulce?
Por supuesto que tenía. Las mujeres despechadas y la época de pascua son los dos eventos que traen a las grandes fábricas chocolateras ganancias extraordinarias. Cada vez que una mujer sufre, los productos chocolatosos se ven afectados con un aumento inesperado de las ventas. Todos excepto los Ferrero Rocher que son el símbolo del aniversario del amor.
-Si, creo que algo de chocolate tengo en la heladera.
Sin soltarme, trató de hacer que me siente y me alcanzó lo que quedaba de un Tres Sueños de Cadbury (¡Acertó!) y me obligó a que tragara tres bloquecitos.
-¿Qué comiste?- Me preguntó intuyendo lo que yo sabía.
-Tengo ganas de vomitar.-Le contesté, tratando de evitar esa pregunta.
-Estás muy pálida vos. ¿Querés que llame a un médico?
-No, no quiero. Quiero que me abraces y no me sueltes nunca.-La presión baja me debilita las defensas, el orgullo, la dureza, todo. Estoy empezando a pensar que es muy peligrosa.
Me ayudó a incorporarme -si, todo ese tiempo estaba sentada en el piso de la cocina con cara de que acababa de ver un fantasma- y me abrazó. O mejor dicho me sostuvo un largo rato.
Cuando me recuperé un poco me dijo despacito al oido:
-Tenés razón. Te debo una explicación.
(...)
Lo siguiente fue invitarlo con un sequisimo "pasá que tengo frio", un ademán suyo de sacarse la campera para dármela, y un consiguiente desaire mío que lo hizo cambiar de opinion.
Subimos los once pisos en ascensor, aunque yo hubiera preferido obligarlo a subir en escalera.
Al entrar a casa, (que estaba toda calentita y confortable, explicando por qué yo estaba en remerita y jean a pesar del malvado frio de fines de Junio), nos recibió la ¿dulce? voz de Joaquin Sabina, contándonos sobre el lugar donde los pájaros visitan al psiquiatra, donde las estrellas se olvidan de salir, y la muerte viaja en ambulancias blancas.
-¿Querés un té?- le pregunté cuando él estaba colgando la campera azul (¡Esa campera azul!) en el respaldo de la silla.
-No, gracias.
-Ya te preparo.
Lo siguiente que recuerdo es mi ramo de margaritas desperdigado por el suelo, el sonido del agua hirviendo, las dos tazas con los saquitos de te y las masitas en la mesada, y a él sosteniendome la cabeza con evidente desesperación y desconcierto.
No sabía como, cuando, por qué me había desmayado. Después caí. Hacía dos días ya que no comía y dormía llorando. Lo admito, me desequilibré. Y no fue su culpa. Porque una mujer no puede dejar de comer porque se vaya el hombre de su vida, no se justifica de ninguna forma.
Y menos se me justifica a mi, que vivo pregonando que las mujeres deben ser fuertes, que debemos vivir el día a día demostrándonos a nosotros mismos que podemos hacer más de lo que creemos poder hacer. Y ahi estaba yo, sorda y ciega ante esos consejos, desparramada en el piso de la cocina con la cabeza entre sus brazos.
-Te bajó la presión- se limitó a decir- ¿tenés algo dulce?
Por supuesto que tenía. Las mujeres despechadas y la época de pascua son los dos eventos que traen a las grandes fábricas chocolateras ganancias extraordinarias. Cada vez que una mujer sufre, los productos chocolatosos se ven afectados con un aumento inesperado de las ventas. Todos excepto los Ferrero Rocher que son el símbolo del aniversario del amor.
-Si, creo que algo de chocolate tengo en la heladera.
Sin soltarme, trató de hacer que me siente y me alcanzó lo que quedaba de un Tres Sueños de Cadbury (¡Acertó!) y me obligó a que tragara tres bloquecitos.
-¿Qué comiste?- Me preguntó intuyendo lo que yo sabía.
-Tengo ganas de vomitar.-Le contesté, tratando de evitar esa pregunta.
-Estás muy pálida vos. ¿Querés que llame a un médico?
-No, no quiero. Quiero que me abraces y no me sueltes nunca.-La presión baja me debilita las defensas, el orgullo, la dureza, todo. Estoy empezando a pensar que es muy peligrosa.
Me ayudó a incorporarme -si, todo ese tiempo estaba sentada en el piso de la cocina con cara de que acababa de ver un fantasma- y me abrazó. O mejor dicho me sostuvo un largo rato.
Cuando me recuperé un poco me dijo despacito al oido:
-Tenés razón. Te debo una explicación.
Claves secretas:
relato de cuando se fue
viernes, 29 de mayo de 2009
Relato de cuando se fue.- (3era Parte.)
Si querés, lee la PRIMERA PARTE
Y después la SEGUNDA.
Ahora sí, esto es lo que tengo, hasta el momento.
El trayecto a casa fue más que nada para aclararme. Pude haberme tomado un taxi, o pude haberme quedado en casa de alguna amiga que me quedara de paso, pero necesitaba estar sola. Sola, o con él. Pero no iba a decírselo.
Me lo imaginaba: Con el teléfono todavía en la mano, con cara de sonámbulo, divagando de a ratos en otros pensamientos pero volviendo al mismo una y otra vez: ¿Qué era lo correcto?
Mientras yo me decía que no podía con todo, que no era mi trabajo ni mi culpa, ¿o sí lo era? Que no estaba bien que yo le diga qué hacer, que era muy subjetivo y en medio de eso me agarró Saramago, desprevenida, como casi siempre que me ataca un libro. Habrán sido las dos de la tarde, no recuerdo con precisión, pero lo cierto es que, cuando a las seis las luces comenzaron a opacarse, salí del sueño profundo en el que me había sumergido con Jesucristo y los mártires de su propio evangelio* para prender las luces.
Por supuesto, mi celular estaba en cualquier lado menos en mi sagrado jardín de invierno (y lectura, de paso) y cuando lo revisé tenía tres llamadas perdidas –léase tres en cuatro horas, no era muy insistente- de su casa; y un par de mensajes trémulos, algo inquietos y apagados. La revolución contra la conserva, así nos definía. Y es que en mi diccionario nunca existió la palabra inseguridad, y menos la frase “dejarlo todo por alguien” aunque ese alguien, al dejarte, ya te haya privado de todo.
Pero no quería pensar en eso, no quería pensar que mi extremismo –como a él le gustaba calificar- o mis medias tintas hubieran sido la razón más aproximada de su vil huida hacia no se donde. Y ahora que lo pienso, tampoco sabía con quien.
Subsumida en eso estaba, atragantándome con “agua mineral y liquido biliar” cuando sonó mi celular, y por fin lo escuché. “Estoy abajo” me dijo. “¿Y qué?” atiné a contestar, haciendo usufructo de mi ultimo atisbo de orgullo. “¿Bajás?”.
Se me derrumbó todo. ¿Cómo se puede justificar un “no estuviste cuando te necesité” si te necesito siempre? Absolutamente todo. Y después arreglarme en el ascensor para no parecer que había estado llorando tres días y medio. ¿Para qué, si de verdad había estado llorando esa cantidad de dias con sus noches, diciendo, ya fue, la cagué, y despertándome con las más terribles ojeras que nunca había tenido, teniendo que disimularlas con toda la base de Avon, para qué ahora quería arreglarlas, para verme más bonita?
Abri la puerta del ascensor con el corazón atorado en la garganta. Con la excusa de estar buscando la llave no miré hacia la puerta. Con los ojos fijos en el mármol de los escalones atravesé la puerta cancel y segui caminando hasta llegar a la puerta exterior, donde necesariamente tuve que alzar la vista para acertar el lugar de la llave.
Para mi sorpresa, cuando finalmente la aparté, vi un ramo de margaritas antes que sus ojos.
-No todo lo vas a arreglar con margaritas.-Le advertí.
-¿Pero esto sí?
*El Evangelio segun Jesucristo, José Saramago. Alfaguara 2003.-
Y después la SEGUNDA.
Ahora sí, esto es lo que tengo, hasta el momento.
El trayecto a casa fue más que nada para aclararme. Pude haberme tomado un taxi, o pude haberme quedado en casa de alguna amiga que me quedara de paso, pero necesitaba estar sola. Sola, o con él. Pero no iba a decírselo.
Me lo imaginaba: Con el teléfono todavía en la mano, con cara de sonámbulo, divagando de a ratos en otros pensamientos pero volviendo al mismo una y otra vez: ¿Qué era lo correcto?
Mientras yo me decía que no podía con todo, que no era mi trabajo ni mi culpa, ¿o sí lo era? Que no estaba bien que yo le diga qué hacer, que era muy subjetivo y en medio de eso me agarró Saramago, desprevenida, como casi siempre que me ataca un libro. Habrán sido las dos de la tarde, no recuerdo con precisión, pero lo cierto es que, cuando a las seis las luces comenzaron a opacarse, salí del sueño profundo en el que me había sumergido con Jesucristo y los mártires de su propio evangelio* para prender las luces.
Por supuesto, mi celular estaba en cualquier lado menos en mi sagrado jardín de invierno (y lectura, de paso) y cuando lo revisé tenía tres llamadas perdidas –léase tres en cuatro horas, no era muy insistente- de su casa; y un par de mensajes trémulos, algo inquietos y apagados. La revolución contra la conserva, así nos definía. Y es que en mi diccionario nunca existió la palabra inseguridad, y menos la frase “dejarlo todo por alguien” aunque ese alguien, al dejarte, ya te haya privado de todo.
Pero no quería pensar en eso, no quería pensar que mi extremismo –como a él le gustaba calificar- o mis medias tintas hubieran sido la razón más aproximada de su vil huida hacia no se donde. Y ahora que lo pienso, tampoco sabía con quien.
Subsumida en eso estaba, atragantándome con “agua mineral y liquido biliar” cuando sonó mi celular, y por fin lo escuché. “Estoy abajo” me dijo. “¿Y qué?” atiné a contestar, haciendo usufructo de mi ultimo atisbo de orgullo. “¿Bajás?”.
Se me derrumbó todo. ¿Cómo se puede justificar un “no estuviste cuando te necesité” si te necesito siempre? Absolutamente todo. Y después arreglarme en el ascensor para no parecer que había estado llorando tres días y medio. ¿Para qué, si de verdad había estado llorando esa cantidad de dias con sus noches, diciendo, ya fue, la cagué, y despertándome con las más terribles ojeras que nunca había tenido, teniendo que disimularlas con toda la base de Avon, para qué ahora quería arreglarlas, para verme más bonita?
Abri la puerta del ascensor con el corazón atorado en la garganta. Con la excusa de estar buscando la llave no miré hacia la puerta. Con los ojos fijos en el mármol de los escalones atravesé la puerta cancel y segui caminando hasta llegar a la puerta exterior, donde necesariamente tuve que alzar la vista para acertar el lugar de la llave.
Para mi sorpresa, cuando finalmente la aparté, vi un ramo de margaritas antes que sus ojos.
-No todo lo vas a arreglar con margaritas.-Le advertí.
-¿Pero esto sí?
*El Evangelio segun Jesucristo, José Saramago. Alfaguara 2003.-
Claves secretas:
relato de cuando se fue
miércoles, 27 de mayo de 2009
Relato de cuando se fue.- 2da parte.
Viene de su PRIMERA PARTE
-¿Donde estabas?- Fue lo primero que se me ocurrio preguntar cuando, despues de hacer sonar su celular por decimoctava vez me respondió.
Dudó un segundo, segundo que a mi también me hizo dudar de mi pregunta.
-Acabo de llegar a casa. Me... me quise ir un finde a algun lugar cerca, pero lejos de esto.
-Sin ninguna nota, mensaje, mail, lo que sea...
-No dejé a nadie dicho nada. Necesitaba irme. Ahora te estaba por llamar para vernos, si querés voy a buscarte.
-No, gracias. ¿Volviste? No quiero verte. No quiero verte ahora.
-Pero... estaba por... Decime donde estás.
-Estoy en Laprida y Montevideo. Pero no quiero verte.
-¿Por qué?
-¿Tengo que darte una explicación? Vos no me quisiste ver, ni escuchar, ni nada durante cuatro días y tampoco obtengo ninguna explicación.
-Bueno, avisame cuando quieras verme otra vez.
-NO, no y NO! YO no tengo la obligación de redimirme y no voy a quebrar mi orgullo diciendote "ya me desenoje, estoy en casa, ¿venís a verme?"
-¿Entonces que querés que haga?
-Que no me preguntes lo que tenes que hacer. Que hagas lo correcto y punto.
Y le corté el telefono.
Ahi mismo, en laprida y montevideo me senté en un canterito y me largué a llorar. Y lloré sin moverme como media hora. No recibí ni un mensaje, no lo vi doblando la esqina, no vi acercarse su auto. Otra vez, no había acertado. ¿Pero qué mas podía hacer yo? No iba a ir a decirle "estupido! no hay nada menos caballeroso que no ir corriendo a una mujer que llora."
Después me levanté y caminé despacito, despacito hasta doblar por Rioja.
-¿Donde estabas?- Fue lo primero que se me ocurrio preguntar cuando, despues de hacer sonar su celular por decimoctava vez me respondió.
Dudó un segundo, segundo que a mi también me hizo dudar de mi pregunta.
-Acabo de llegar a casa. Me... me quise ir un finde a algun lugar cerca, pero lejos de esto.
-Sin ninguna nota, mensaje, mail, lo que sea...
-No dejé a nadie dicho nada. Necesitaba irme. Ahora te estaba por llamar para vernos, si querés voy a buscarte.
-No, gracias. ¿Volviste? No quiero verte. No quiero verte ahora.
-Pero... estaba por... Decime donde estás.
-Estoy en Laprida y Montevideo. Pero no quiero verte.
-¿Por qué?
-¿Tengo que darte una explicación? Vos no me quisiste ver, ni escuchar, ni nada durante cuatro días y tampoco obtengo ninguna explicación.
-Bueno, avisame cuando quieras verme otra vez.
-NO, no y NO! YO no tengo la obligación de redimirme y no voy a quebrar mi orgullo diciendote "ya me desenoje, estoy en casa, ¿venís a verme?"
-¿Entonces que querés que haga?
-Que no me preguntes lo que tenes que hacer. Que hagas lo correcto y punto.
Y le corté el telefono.
Ahi mismo, en laprida y montevideo me senté en un canterito y me largué a llorar. Y lloré sin moverme como media hora. No recibí ni un mensaje, no lo vi doblando la esqina, no vi acercarse su auto. Otra vez, no había acertado. ¿Pero qué mas podía hacer yo? No iba a ir a decirle "estupido! no hay nada menos caballeroso que no ir corriendo a una mujer que llora."
Después me levanté y caminé despacito, despacito hasta doblar por Rioja.
Claves secretas:
relato de cuando se fue
jueves, 21 de mayo de 2009
Relato de cuando se fue.
-No sé, se fué.
-¿No dejó nada dicho?
-No, nena, se fué nomas.
-Pero nada de nada? Ni siquiera una indirecta?
-Ah si, puede ser, dijo que quería un cambio.
No quería seguir molestando. La señora del kiosco de la esquina me miraba con cara de "o comprás o te vas, y me dejás de joder" Los (¿o debería decir las?) de la peluquería de al lado me estaban comiendo viva con los ojos, iba a ser carne de chismes toda una semana entre las señoras que se iban a teñir las canas y hacerse las manos a la siesta. No insistí. Pero si no se me cayeron dos lagrimones al mejor estilo de Marcel Marceau (pero lagrimones en serio no pintados) fue porque me trague los dos meses de incertidumbre que se me estaban revelando ante mis ojos, y los mensajes secretos de miles de palabras sin sentido que había venido escuchando.
-¿Puede ser que realmente sea tan pelotuda?- mientras caminaba me preguntaba a mi misma, no con animos de ofenderme, sino sinceramente, cosas por el estilo. Con el paso firme pase España, siempre por Viamonte y decidí doblar en Italia. ¿Qué mas daba? estaba lejos de todo, lejos de casa, del centro, pero sobre todo lejos de donde en realidad quería estar. O mejor dicho, estaba demasiado cerca de donde nunca quise llegar.
Miré en el celular la hora. ¿Qué más podía ver? 17:12. Hace dos días que no sonaba. ¡Dos días! Y la ultima persona había sido Darío, creo, contandome vaya una a saber que anecdota. Pensé en llamarlo y decirle simplemente "Se fué." Pero no me dió el corazon para aceptarlo, y menos me iba a dar para comunicarselo a alguien.
"Se fué." Eso me seguia rodando en la cabeza en parte por lo que la kiosquera (¡La kiosquera!) me había dicho, y en parte por lo que yo misma habia pensado (¿Admitido?) cuando pensaba en llamarlo a Darío.
Una ráfaga de viento me despeinó el flequillo y me hizo volver a la realidad.
¿De verdad se había ido? ¿Y si era asi, y yo lo sabía, que hacía dando vueltas a la manzana?
Continúa en su SEGUNDA PARTE
-¿No dejó nada dicho?
-No, nena, se fué nomas.
-Pero nada de nada? Ni siquiera una indirecta?
-Ah si, puede ser, dijo que quería un cambio.
No quería seguir molestando. La señora del kiosco de la esquina me miraba con cara de "o comprás o te vas, y me dejás de joder" Los (¿o debería decir las?) de la peluquería de al lado me estaban comiendo viva con los ojos, iba a ser carne de chismes toda una semana entre las señoras que se iban a teñir las canas y hacerse las manos a la siesta. No insistí. Pero si no se me cayeron dos lagrimones al mejor estilo de Marcel Marceau (pero lagrimones en serio no pintados) fue porque me trague los dos meses de incertidumbre que se me estaban revelando ante mis ojos, y los mensajes secretos de miles de palabras sin sentido que había venido escuchando.
-¿Puede ser que realmente sea tan pelotuda?- mientras caminaba me preguntaba a mi misma, no con animos de ofenderme, sino sinceramente, cosas por el estilo. Con el paso firme pase España, siempre por Viamonte y decidí doblar en Italia. ¿Qué mas daba? estaba lejos de todo, lejos de casa, del centro, pero sobre todo lejos de donde en realidad quería estar. O mejor dicho, estaba demasiado cerca de donde nunca quise llegar.
Miré en el celular la hora. ¿Qué más podía ver? 17:12. Hace dos días que no sonaba. ¡Dos días! Y la ultima persona había sido Darío, creo, contandome vaya una a saber que anecdota. Pensé en llamarlo y decirle simplemente "Se fué." Pero no me dió el corazon para aceptarlo, y menos me iba a dar para comunicarselo a alguien.
"Se fué." Eso me seguia rodando en la cabeza en parte por lo que la kiosquera (¡La kiosquera!) me había dicho, y en parte por lo que yo misma habia pensado (¿Admitido?) cuando pensaba en llamarlo a Darío.
Una ráfaga de viento me despeinó el flequillo y me hizo volver a la realidad.
¿De verdad se había ido? ¿Y si era asi, y yo lo sabía, que hacía dando vueltas a la manzana?
Continúa en su SEGUNDA PARTE
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